Joaquín “el Chapo” Guzmán, el criminal más buscado del planeta, fue recapturado ayer por las autoridades mexicanas en la localidad Los Mochis.

La captura por parte de las fuerzas mexicanas contó con el apoyo de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA, según sus siglas en inglés) y el Servicio de Alguaciles norteamericano (Marshals).

Apenas conocida la noticia a través del Twitter del presidente Enrique Peña Nieto, la pregunta en boca de todos fue si México extraditará a Guzmán a Estados Unidos para evitar que vuelva a escapar, como ya lo hizo en dos ocasiones.

Estados Unidos ya ha buscado antes la extradición de Guzmán, y se prevé que ahora vuelva a hacerlo, aunque las máximas autoridades evitaron hablar del asunto. Optaron, en cambio, por acotarse a las felicitaciones de rigor y las loas a la colaboración bilateral.

Muchos legisladores estadounidenses, en su mayoría republicanos, habían insistido hace años en la necesidad de presionar a México para que extraditara a “el Chapo” si era capturado de nuevo.

La procuradora general, Loretta Lynch, dijo en un comunicado que la captura es “una victoria para los ciudadanos de México y de Estados Unidos” y que Guzmán “tendrá que responder por los crímenes de los que se lo acusa”.

Un vocero de la DEA optó por no responder a la consulta de LA NACION sobre la extradición. La única reacción de ese organismo fue otro comunicado, que también calificó de victoria a la captura y prometió “continuar el respaldo a México para mejorar la seguridad de sus ciudadanos”.

Un vocero del Departamento de Justicia, Peter Carr, recordó que es práctica habitual para la justicia de Estados Unidos solicitar la extradición de criminales que enfrentan cargos en el país. Guzmán enfrenta múltiples acusaciones en varias jurisdicciones vinculados a las actividades del narcotráfico del cartel de Sinaloa, el más activo en el país, según la DEA.

El líder del cartel de Sinaloa, la organización criminal más grande del mundo, ha escapado ya dos veces de cárceles de máxima seguridad en México. Guzmán fue detenido por primera vez, en 1993, en Guatemala. En 2001, se las ingenió para huir de una cárcel escondido en un carro de lavandería. En julio de 2015, escapó a través de un sofisticado túnel de un kilómetro y medio desde la ducha de su celda privada. Esa fuga fue vergonzante para el gobierno de Peña Nieto, que ahora debe decidir si se arriesga a que “el Chapo” escape otra vez o si lo entrega a las autoridades norteamericanas.

En Estados Unidos, Guzmán quedaría bajo un régimen de “confinamiento solitario” en una cárcel de máxima seguridad: no podría tener contacto con nadie y sólo podría dejar su celda una hora al día. En México, desde su encarcelamiento, en febrero de 2014, había recibido alrededor de 500 visitas.

“Las posibilidades de que se escape son nulas”, indicó a LA NACION Juan Carlos Hidalgo, analista para América latina del Instituto Cato, en Washington.

“Además, aquí lo podrían poner a hablar y le sacarían información muy valiosa sobre el alcance de su empresa criminal. Es probable -agregó- que ésa sea una razón por la que el gobierno mexicano no querría extraditarlo. Teme que hable más de la cuenta e incrimine a las autoridades”.

De ser extraditado a Estados Unidos, varios analistas apuntan a la posibilidad de que sea juzgado en Chicago (Illinois), a la que “el Chapo” convirtió en uno de sus grandes núcleos de distribución dentro de Estados Unidos y por la que supuestamente hizo pasar entre 1500 y 2000 kilogramos de cocaína al mes.

Fuente: lanacion.com.ar