En el octavo día del novenario, Monseñor Ignacio Gogorza enfatizó que “en el cristiano la misericordia es parte inherente de su vida y por ello no es indiferente al sufrimiento del hermano”.

El Obispo Emérito de Encarnación recordó el pasaje bíblico en el que Jesús exclama “Misericordia quiero y no sacrificios”, estando a la mesa con Mateo y sus amigos dirigiéndose a los fariseos que le cuestionaban porqué comía con los publicanos y pecadores, quienes basándose en una justicia con mera observancia de la ley, dividían a las personas en justos y pecadores.

Destacó que Jesús actúa así “porque Dios es amor y misericordia, y quiere manifestarnos esa identidad con Dios”. Recordó en ese sentido, la invitación que nos hace el Papa Francisco para el año 2016 a “reflexionar, orar y vivir la misericordia”.

Gogorza lamentó que “en una sociedad como la nuestra donde la impunidad es el pan cotidiano, la corrupción se ha convertido en algo normal”.

Señaló que la insensibilidad ante tantos rostros sufrientes por la carencia de la salud bien atendida, por una educación deficitaria, por la pobreza y extrema pobreza que viven muchas familias por la falta de trabajo o medios básicos para llevar una vida digna “no es, a mi parecer, una sociedad suficientemente misericordiosa como Dios quiere”.

Agregó también que la falta de perdón en el país se manifiesta en la violencia, en la venganza, en los juicios, condena por chismes, calumnias y envidias. Aseguró que en las familias y comunidades “se hace difícil descubrir a Dios que camina en medio de nosotros por nuestra falta de comprensión y de amor”.