A un año de su muerte, el Presidente se diferenció del kirchnerismo y destacó la labor que el fiscal emprendió en la investigación del atentado contra la AMIA; dijo que el Estado tiene una deuda pendiente.

“Aunque atraviese el valle de la muerte no temeré mal alguno porque tú estarás conmigo”, recitó el rabino Marcelo Polakoff, mientras Iara y Kala compartían rodeadas de árboles y silencio, junto a los anfitriones, la lectura del salmo que recordaba de manera directa la ausencia que más sienten.

Un año después de la violenta y misteriosa muerte del fiscal Alberto Nisman, el presidente Mauricio Macri recibió, en su quinta “Los Abrojos”, a las jóvenes hijas de quien, hasta su muerte, llevaba adelante la investigación por el atentado a la AMIA. Fueron 20 minutos de charla en tono bajo, “amable y cálido”, como lo describieron dos testigos. El Presidente elogió la labor del fiscal y se comprometió ante sus hijas a “hacer justicia con la memoria de su padre”, destacaron voceros del Gobierno.

Un gesto que, como también recordaron desde el Poder Ejecutivo, lo ubicó en las antípodas de la ex presidenta Cristina Kirchner, quien se opuso de manera frontal a la denuncia por encubrimiento que Nisman pensaba ampliar en su presentación en el Congreso el día posterior a su muerte, y que la involucraba de manera directa, junto con el ex canciller Héctor Timerman y dirigentes políticos y sociales cercanos a su gestión.