El miedo a que el gigante automotriz francesa se convirtiera en una nueva Volkswagen, hicieron que sus acciones en bolsa cayeran estrepitosamente. Esto a pesar del desmentido de las autoridades galas y de la propia empresa que insisten en que Renault no hizo fraude en sus programas digitales para medir las emisiones de sus vehículos.

Fue uno de los sindicatos de la empresa el que dio la voz de alerta: el gobierno había revisado las instalaciones del constructor automovilístico para revisar los programas digitales de medición de emisiones. La revelación hizo saltar las alarmas y se corrió la voz de que Renault podría convertirse en una nueva Volkswagen, desde que se supiera que a través de una manipulación informática, la alemana trucaba los resultados de sus motores.

El rumor llevó a que la propia ministra de Ecología, Energía y desarrollo sustentable francesa, Ségolène Royal, saliera a aclarar que las inspecciones existieron, pero que en Renault no fueron encontrados programas digitales similares a los de Volkswagen. Fue precisamente el escándalo del gigante alemán el que llevó al gobierno francés a implementar una comisión técnica independiente para analizar el funcionamiento de las empresas locales.

Pero la revelación ya había causado estragos. Renault cayó hasta en un 20% en la Bolsa, más del 10% al cierra, y en su caída arrastró al primer constructor francés, PSA Peugeot Citroën, que perdió cerca de un 9%. El ministro de Economía Emmanuel Macron ha calificado de inoportuna la denuncia del sindicato de Renault, indicando también que su ministerio “ha procedido a realizar varios controles y allanamientos desde septiembre pasado con el fin de verificar la calidad de las informaciones que las empresas automovilísticas transmiten a los consumidores. La investigación sigue en curso y cuando tengamos los resultados estos serán comunicados”.

Más precisa fue la ministra Royal, quien indicó que en los vehículos revisados hay modelos que superan las emisiones permitidas en Europa, tanto en CO2 como en óxido nitroso. Algo similiar denunciaban hace varios meses organizaciones ecologistas como la alemana Duetsche Umwelthilfe que indicó que un modelo tan extendido como el Espace de Renault emitía 25 veces más de oxido nitroso que el autorizado.

“Renault debe reaccionar y poner a sus motores en norma”, declaró la ministra Royal, quien agregó que por el momento no se ha estudiado la devolución por parte del constructor de ciertas ayudas fiscales a la empresa.

Desde que saliera a la luz el escándalo de Volkswagen las empresas francesas han insistido en probar su buena voluntad ecológica. En diciembre pasado Renault anunció que invertiría 50 millones de euros para reducir las diferencias de emisiones contaminantes que presentan sus vehículos en laboratorio y en situaciones reales. Su competencia, PSA Peugeot Citroën, llegó a firmar una alianza con la ONG europea Transport & Environment con el objetivo de realizar en conjunto los tests de consumo y emisiones.

Pero poco le sirvió a Renault para frenar los nervios del mercado y las cifras en Bolsa le siguen siendo hostiles. Algo que complica al gobierno francés que posee casi un 20% de la empresa.