El presidente Hasan Rohani presentó este domingo el acuerdo nuclear como una “victoria política” de Irán. Con tono triunfalista, el mandatario declaró ante el Parlamento que “abre un nuevo capítulo” en la historia del país y marca un momento decisivo para la economía.

Era su primera reacción tras levantarse las sanciones internacionales. En una comparecencia televisada posterior, Rohani admitió que Teherán necesita atraer al menos 30.000 millones de dólares en inversiones extranjeras directas durante los próximos cinco años.

“A partir de hoy las empresas pueden volver a utilizar los canales legales para hacer negocios, los bancos iraníes volverán a operar con normalidad, se han levantado los límites a la exportación de petróleo y podemos comprar repuestos de aviación, lo que aumentara la seguridad para nuestros pasajeros; además recuperaremos el dinero que, con el pretexto de las sanciones, nos habían congelado en entidades extranjeras”, resumió los beneficios del pacto el presidente Hasan Rohani, visiblemente satisfecho.

Rohani insistió en varias ocasiones en que el acuerdo había sido el resultado de “la resistencia, la sabiduría y la voluntad nacional” de los iraníes, además de destacar “la orientación del líder supremo” y el trabajo de los experimentados diplomáticos. Tenía enfrente a la plana mayor de su Gobierno, incluidos el ministro de Exteriores, Mohammad Javad Zarif, y su mano derecha en las negociaciones, el viceministro Abbas Araqchi. “Quienes no creyeron en que podíamos conseguirlo se equivocaron; lo logramos gracias al poder de nuestra nación”, declaró provocando aplausos.

Pero más allá de la épica de sus palabras, y de las obligadas referencias a los “mártires de la causa nuclear” (estaban presentes las viudas de los cinco científicos asesinados durante el período de expansión del programa atómico), el mensaje fue sobre todo económico. A la pregunta de un periodista sobre las estimaciones de que Irán requiere entre 30.000 millones y 50.000 millones de dólares de inversión extranjera en los próximos cinco años, el presidente dio por buena la cifra.

“Necesitamos capital y tecnología. Nuestro país es lo bastante estable para atraer a los inversores extranjeros y está preparado para recibirlos”, admitió antes de citar como prueba del interés que suscita que 140 compañías de 50 países ya han visitado Irán. En su opinión, se trata de una cuestión de confianza. “En las pocas horas transcurridas desde el anuncio, se han abierto más de mil cartas de crédito [compromisos de inversión] en diferentes bancos extranjeros”, reveló en apoyo de sus palabras. ¿También aceptaría inversiones de EE UU?, inquirió otro reportero. Rohani constató que son las leyes de ese país las que impiden a sus ciudadanos negociar con Irán (salvo en algunos sectores concretos). “Si llegaran, estamos dispuestos a recibirlas”, zanjó sin aspavientos.

Ese pragmatismo, moderación lo han llamado algunos analistas, es el que impulsó su apuesta por la negociación nuclear nada más llegar al poder en el verano de 2013. Es cierto que después se ha sabido que los contactos preliminares se iniciaron con anterioridad. Sin embargo, resulta dudoso que con otro presidente menos abierto al diálogo hubiera sido posible sacar adelante un acuerdo. Lograrlo ha requerido no sólo la habilidad diplomática que alababa Rohani, sino cintura política para aguantar los chaparrones que le han llovido tanto desde los sectores más conservadores (que desconfían de Occidente y de EE UU en particular), como desde aquellos que se beneficiaban de una economía cerrada al exterior.

El resultado positivo de su órdago llega además en un momento crítico, con unas importantes elecciones legislativas a finales de mes. Tal como le recordó una periodista, hay intensos rumores de que sus rivales políticos tratan de descalificar como candidatos a sus aliados. El presidente dijo estar al tanto, pero se mostró confiado en que se cumplirá la ley. Cuenta con que los iraníes, recobrada la esperanza tras años de penurias, van a estar de su lado. Por eso quiere que vean pronto los beneficios del acuerdo.

“Desde hoy hemos empezado a vender más petróleo”, anunció durante su comparecencia ante los medios. “Ahora necesitamos aumentar las exportaciones no petroleras para crear un ambiente competitivo”. Su objetivo, explicó, es dar más peso al sector privado y que el crudo proporcione “un ingreso suplementario”. “Levantadas las sanciones, ha llegado la hora de construir el país”, había dicho por la mañana en el Parlamento.

“Los inversores no deberían mirar a Irán para ganar dinero rápido, sino más bien invertir con la vista a largo plazo para beneficiarse del mercado que mejor rendimiento va a tener en los próximos cinco años”, aconseja Ramin Rabii, el jefe ejecutivo de la firma financiera Turquoise Partners. “Esperamos que la economía iraní crezca a un ritmo de entre el 6% y 8% durante varios años”, declaró Rabii a Bloomberg. Rohani fue más cauto y dijo que esperaba “al menos un 5% en el próximo año” fiscal (que empieza el 21 de marzo).

El País